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La paradoja de decisión

May 14, 2021

Un alto ejecutivo estaba preparando su retiro y la empresa lo envió a un entrenamiento específico para que fuera acomodándose a la nueva situación de dejar la empresa luego de muchos años de haber permanecido en ella, con un ritmo de trabajo altamente competitivo.

Durante el entrenamiento, al ejecutivo le pedían que hiciera distintos tipos de actividades.

Un día le trajeron varios canastos con pollos ya muertos y le dijeron que tenía 72 horas para cortarle las cabezas.

El ejecutivo, terminó su tarea en menos de 48 horas y lo hizo con una precisión absoluta.

Al día siguiente, lo llevaron a un campo de 1000 hectáreas y le dijeron que tenía una semana para repartir estiércol en todo el campo.

Y el ejecutivo realizó su tarea de manera impecable  en sólo 72 horas.

Sus entrenadores estaban altamente sorprendidos por su rendimiento.

Al día siguiente de finalizada aquella tarea, le dieron sólo dos canastos de manzanas y le pidieron que separara las que estaban verdes de las que estaban maduras.

Pasaron varios días y el ejecutivo no avanzaba con su tarea...  

Sus entrenadores venían a verlo y no daban crédito acerca de lo que estaba pasando ya que siempre había hecho todas sus tareas de manera eficiente y eficaz.

Luego de una semana con su tarea sin completar, uno de los entrenadores se acercó y le dijo: “No comprendo lo que está sucediendo contigo... Venías realizando cada tarea que se te asignaba en menos tiempo del previsto y de manera impecable y ahora que sólo tienes dos canastos de manzanas para elegir cuál colocas de cada lado, llevas más de siete días sin avanzar en tu tarea...  ¿Qué es lo que te sucede?”

El ejecutivo, miró a su entrenador y le dijo: “Es que cortar cabezas y repartir mierda se me da bien... pero tomar decisiones....”

Quise ser fiel al cuento y por eso el entrecomillado...

Lo escribí tal cual es para que se entienda bien cada palabra (a sabiendas de que el vocabulario no es el más adecuado para el artículo de un post).

Porque aquí lo que importa es otra cosa... 

El tema de este artículo tiene que ver con lo difícil que resulta tomar decisiones.  Y aunque los líderes lo enfrenten a diario, no por eso la tarea les resulta más sencilla.

En un mundo donde cada vez estamos más rodeados de opciones, de ofertas, de ambigüedades, la tarea de decidir se ha vuelto más que compleja y en muchos casos, casi imposible de realizar.

La paradoja de decisión bloquea resultados.

La paradoja de decisión, lejos de hacernos más ágiles por la cantidad de opciones disponibles, nos paraliza y nos hace procrastinar hasta obtener una mayor claridad que raramente llega.

 

Esto también nos sucede como consumidores.  Son tantas las ofertas similares, parecidas o copiadas que existen en el mercado que a la hora de decidir, no sabemos qué hacer.

En estos casos, acotar las opciones y simplificar termina siendo lo más recomendable.

Si te dedicas a vender, no pongas en cabeza de tu comprador muchas opciones porque probablemente termine no comprando nada.

Lejos de pensar que porque tengas mil opciones te aseguras que “algo le vas a vender”, lo único que conseguirás es que se sienta abrumado, confundido y prefiera decidir en otro momento con mayor claridad.

 

Se necesita claridad para decidir.

Uno de los temas que más me plantean los emprendedores con los que trabajo es la falta de claridad a la hora de tomar decisiones.  

No saben con qué producto empezar, no saben por qué tipo de herramientas tendrían que decidirse y dudan ante lo que tienen que hacer cuando ven las ofertas de su competencia.

Mi recomendación siempre es acotar opciones.  Simplificar.

Empezar por algo.  Tomar acción e ir avanzando ya que verán que cuando se activan, hay decisiones que decantan por sí solas.

Decidir no es una tarea fácil. 

Es necesario reflexionar pero no es necesario quedarte el resto de tu vida sólo reflexionando.

Puedes elegir la base sobre la que vas a sustentar la decisión y a partir de allí, reducir opciones.

Un ejemplo sencillo pero muy claro puede ser este: si quieres irte de viaje no te pares frente a un globo terráqueo para ver adónde ir.

Toma sólo una decisión.  Sobre qué base vas a decidir:  ¿decidirás por precio? ¿Por continente? ¿Por ese deseo que tienes desde hace tiempo? O porque en este momento vas a priorizar estar con tus amigos y te adaptarías a lo que sea?

Una vez que tengas claro este primer paso, plantéate un segundo y así sucesivamente.

 

Lo mismo ocurre con las ofertas que tienes en el mercado.  ¿Cómo vas a elegir? ¿Sólo lo que puedas pagar o si la opción es muy buena, te plantearías hacer un esfuerzo para conseguir el dinero que te falta?  

¿Vas a elegir por comodidad, porque te cuesta salir de tu zona de confort? 

 

Plantearse cuál va a ser la base de nuestra decisión es un GRAN PRIMER PASO para darle batalla a la paradoja de decisión.

No te bloquees.  Toma una primera acción y allana con ésto el camino de tus decisiones.

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